Termina otro año y llega el momento de echar cuentas y hacer un balance de qué ha sido lo más destacado de este 2020 tan peculiar, por llamarlo de alguna manera. Se hace raro hacerlo por primera vez en este formato de blog en lugar del clásico de la página de El rincón del Píxel, que como ya sabréis abandoné por puro agotamiento allá por febrero. Este nuevo formato me permite escribir solo cuando realmente tengo algo que decir, ya sin la menor presión acerca de lectores, publicidad y demás compromisos, lo que no quita que haya disminuido lo más mínimo mi interés por los videojuegos o el desarrollo de una industria que ha tenido en 2020 un año realmente importante por varios motivos.
En primer lugar, y virus y confinamientos al margen, 2020 será recordado por ser el año en que se dio el pistoletazo de salida a la novena generación de consolas, con PS5 y Xbox Series X/S a la cabeza. Un accidentado inicio, sin lugar a dudas, pero un inicio que a fin de cuentas marca una nueva generación, que es lo que realmente importa porque supone también el cierre de una etapa.
La octava generación será recordada, seguramente, por ser aquella en la que el juego online se convirtió en la norma de la industria, con juegos como servicio tan exitosos como Overwatch, Fortnite, Destiny o Battlefront, así como una interminable lista de juegos deportivos, el auge de los E-Sports, etc. Not my cup of tea, que dirían los ingleses, pero una taza de té que hay que reconocer que se ha bebido media humanidad en estos últimos siete años, y que por lo que parece, ha venido para quedarse.
Lo que no está tan claro es el futuro de una Realidad Virtual que, a pesar de lo que muchos decían, no ha terminado de cuajar. Sí, ha habido experiencias impactantes, alguna que otra agradable curiosidad como Astro Bot y luego está Half-Life: Alyx, que juega en otra liga, pero no parece que las compañías hayan apostado de verdad por una tecnología que, mucho me temo, aún necesita mejorar para llegar a alcanzar las cotas revolucionarias que se le presupone.
Sea como fuere, también es de justicia reconocer que en la llamada guerra de consolas, esta generación ha vuelto a coronar, una vez más, a Sony y a su Playstation 4. Tal y como pasó con las dos primeras PSX, este cuarto sistema de sobremesa ha literalmente arrasado, con más de 110 millones de copias vendidas y a una distancia sideral de sus competidoras, una Wii U que apenas pasó de los 13 millones y una Xbox One que, según se cree, apenas ha superado los 40 (para aquellos que hablan de Switch, quiero recordarles que esta es una consola intergeneracional: la que estaba en la parrilla de salida de la generación, y que ha constituido el mayor fracaso en la historia de Nintendo, fue Wii U).
Ha sido Sony, más allá de los clásicos multiplataforma, la que se ha llevado el gato al agua en prácticamente todos los mercados con una lista de exclusivos donde, por no citar demasiados, brillan con luz propia algunos de los juegos más importantes de la generación, como God of War, Uncharted IV, Horizon: Zero Dawn, Marvel's Spiderman, Bloodborne, Ghost of Tsushima, Death Stranding, Final Fantasy VII Remake, The Last Guardian o The Last of Us Parte 2. Todos ellos han contribuido a su manera a hacer avanzar el medio, proporcionando horas de emoción y entretenimiento con unos apartados técnicos absolutamente colosales.
Microsoft ha sufrido toda clase de consecuencias por lo que el tiempo y las ventas han demostrado que fue una lamentable planificación y puesta en escena de su consola, al margen del fracaso de killer apps como Titanfall o Quantum Break, el pobre nivel mostrado con muchas de sus IP de bandera, la cancelación de títulos clave como Scalebound y un largo etcétera donde únicamente la saga Forza, en sus diferentes variantes, ha mantenido el listón alto (y ha barrido a su clásica competencia, la franquicia Gran Turismo). No ha sido suficiente, sin embargo, para poder resistir el pulso.
En cuanto a Nintendo, ha pasado del fracaso más contundente con Wii U a saborear unas inesperadas mieles del éxito con Switch, quizá el sistema menos innovador de todos los que ha sacado en los últimos 15 años, pero donde ha podido resarcirse y relanzar muchos de los títulos que casi nadie jugó en su momento para Wii U. Esta avalancha de ports, donde brilla con luz propia el que seguramente sea el mejor juego de la generación y uno de los mejores de la historia, The Legend of Zelda: Breath of the Wild, más alguna que otra joya como Super Mario Odyssey o Smash Bros Ultimate, han tapado muchos problemas para la gran N y la tiene situada ahora mismo en una posición privilegiada, mucho más cómoda sin duda que a principios de la década pasada.
Por todo ello, y volviendo al 2020, no parece casual que tres de los cuatro candidatos a mejor juego del año sean exclusivos de PS4, que no haya uno solo de Xbox y que el único que consideré para Switch fuese, literalmente, el único que ha salido para la consola con algo de renombre, un Hyrule Warriors 2 que, ya os lo podéis imaginar, no le llega a la suela de los zapatos al resto y que me daba hasta vergüenza ajena incluir en la lista, por lo que al final el asunto se quedó justamente fuera en la lucha por los premios.
Antes de la lista de premiados, y si me lo permitís, haré un breve comentario de cada uno de ellos:
Candidatos a mejor Dirección, Apartado técnico, Narrativa, Interpretación, Diseño artístico, Banda Sonora, Diseño de audio y mejor juego del año, son:
1.- The Last of Us Parte 2 (Naughty Dog, Sony PS4)
Siete años. Siete. Toda una generación esperando las nuevas aventuras de Joel y Ellie, a lo que hay que sumar toda la leyenda que iba acumulando un título de culto como es The Last of Us (2013), quizá haya supuesto un listón mucho más alto de lo que cabía imaginar para el impresionante equipo que Neil Druckmann logró reunir en un título que ha sido, con diferencia, el más polémico y potente de todo 2020, con permiso de Cyberpunk 2077. The Last of Us Parte 2 nos traslada varios años en el futuro, aún más oscuro y apocalíptico que el anterior, un lugar devastado donde la humanidad se desangra sin piedad ni el menor asomo de principios o moral, y donde las dos protagonistas se debaten entre conflictos personales a machete y golpe de cañón, en un juego demoledor, arriesgado y controvertido que a mí, como ya sabéis, me dejó un sabor de boca agridulce en lo narrativo, pero que también me dejó boquiabierto en todas y cada una de las facetas técnicas de una producción a la que únicamente puedo reprocharle uno de los crunches más sonados que recuerdo.
2.- Ghost of Tsushima (Sucker Punch, Sony PS4)
El estudio responsable de Infamous Second Son ha logrado dar varios pasos de gigante como desarrollador en este cuento épico del Japón medieval, inspirado en el cine de Kurosawa y en fórmulas tradicionales del sandbox de manual para ofrecernos una aventura plagada de momentos espectaculares, unos paisajes y unos duelos impactantes y una recreación histórica que a mí, personalmente, me ha parecido de quitarse el sombrero. Puede que peque de conservador y repetitivo en algunos momentos, pero el respeto con el material original y el cuidado de esta producción es asombrosa, y supone la consagración de este estudio como uno de los más importantes de la baraja First Party de Sony para el futuro. Ya no es solo que Ghost of Tsushima sea uno de los juegos más sólidos de todo 2020, sino que momentos como el descubrimiento del fantasma de Tsushima, los duelos en los bosques de hojas otoñales o los haikus al atardecer pasarán como algunos de los mejores que he vivido en toda la generación. Y eso, en PS4, es decir mucho.
3.- Final Fantasy VII Remake (Square-Enix, Sony PS4)
Menuda papeleta tenía el pobre Nomura haciendo el remake del que está considerado como el mejor JRPG de todos los tiempos. Había que contentar a varias generaciones de fans intolerantes, conquistar a nuevos públicos y además generar un modelo de negocio nuevo, que consiste en juegos episódicos a 70 euros la broma. Y aunque a mí ya sabéis que mucho de esto no me ha convencido en absoluto, a este juego no se le puede negar una factura técnica intachable y unos valores de producción que lo sitúan a años luz, literalmente, del material en el que está inspirado. También sabéis que para mí esto no es un remake, sino más bien una reimaginación, y creo que si se afronta con ese espíritu se podrá disfrutar de las muchas bondades de un título que solo patina en el momento en el que Nomura pretende librarse, literal y figuradamente, de todos sus fantasmas. Al margen del polémico resultado, el mérito de arrear contra este molino de viento no se lo puede quitar nadie, eso desde luego.
4.- Half-Life: Alyx (Valve, PC)
El gran ausente de los Game Awards en la lista de mejores juegos del año, en contra de lo nuevo de Valve ha jugado sin duda el hecho de que no todo el mundo ha podido permitirse el lujo de jugar a esta auténtica obra maestra. Es cierto que es necesario un PC bastante potente, y a ser posible las mejores gafas de Realidad Virtual del mercado, pero creo que negar la importancia de este título es hacerle un flaco favor a la industria. Estamos ante uno de los juegos más revolucionarios, complejos, profundos y apasionantes que han salido jamás al mercado. No hay, sencillamente, nada que se le pueda comparar en términos de experiencia jugable, y con ello no me refiero a algo anecdótico, como aquello de meterse en una jaula con un tiburón o una montaña rusa, como aquellas demos técnicas tan resultonas. Estamos ante una aventura de puzzles y disparos en primera persona que se va a las 15 horas, con una narrativa insuperable y una protagonista, Alyx, capaz de hacernos olvidar a Gordon Freeman de un plumazo.
Y los premios son para...
- Mejor dirección: Sean Vanaman (Half-Life: Alyx (Valve, PC))
Los retos a los que Vanaman tuvo que enfrentarse fueron muchos y peligrosos: una secuela de una de las franquicias más aclamadas de todos los tiempos, con una tercera parte que se espera como la segunda venida de Cristo, sin su protagonista y ambientada en una época anterior, y por tanto menos avanzada, que las de las dos primeras entregas. Y además, en realidad virtual, con diferencia el medio más experimental, arriesgado y potencialmente dañino de todos los posibles.
Pues no solo Vanaman y su equipo lograron darle la vuelta a muchos de estos retos (no todos, es cierto: no hubo valor en Valve para colocarle a este título un 3 en toda regla, que quizá es lo que hubiera necesitado para ser el golpetazo definitivo sobre la mesa), pero lograron algo que parecía imposible: encandilar a los fans de toda la vida, seducir a muchos nuevos para su particular ejército y además, demostrar que la VR puede ofrecer experiencias triple A de la máxima calidad.
- Mejor Apartado técnico y Mejor Diseño de Audio: The Last of Us Parte 2 (Naughty Dog, Sony PS4))
Si hay algo en lo que nadie podrá discutir a este juego, más allá de sus controvertidas decisiones argumentales, es que lo nuevo de Naughty Dog es una auténtica barbaridad a nivel técnico. Debo reconocer que yo en la vida había contemplado un espectáculo audiovisual semejante a este, por lo que creo de la máxima justicia reconocerlo con dos más que merecidos premios en dichas categorías. A nivel de animaciones y de gráficos esto es pura potencia hasta un extremo de realismo que asusta: recorrer Seattle con Ellie y Dina a lomos de su caballo es una de las experiencias más asombrosas que he tenido la fortuna de realizar en toda mi experiencia como jugador, y cada nuevo recodo del camino me sorprendía con un nuevo detalle más para dejarme aún más ojiplático. Pero es que en el apartado de sonido este juego es aterrador cuando tiene que serlo, memorable en cada disparo o en cada brizna de hierba que cruzamos, y pone los pelos de punta con unos infectados que suenan como solo la muerte punzante en nuestro oído podría igualar. Qué barbaridad.
- Mejor Narrativa: Half-Life: Alyx (Valve, PC)
No sé bien con qué momento quedarme del juego, porque todo en este título es narrativa de fluidez, de buen desarrollo de personajes, de diálogos memorables y de cameos espectaculares procedentes de juegos anteriores para crear un universo coherente, cohesionado y fabuloso por el que da gusto avanzar. Creo que el diseño de niveles de este título, los puzzles y las fabulosas secciones de tiroteos deben tenerse en cuenta como motores de una narrativa a la que sus personajes completan de una manera magistral, y con un clímax que es de lo más apasionante que he tenido la suerte de contemplar en esto del videojuego. Más allá de que técnicamente esto sea una salvajada, que lo es, o que resulte aún más poderosa en esa primera persona inmersiva, no debe distraer del hecho de que aquí hay un trabajo de guión sencillamente inmejorable.
- Mejor Interpretación: Ashley Johnson (The Last of Us Parte 2 (Naughty Dog, Sony PS4))
Ellie es uno de esos personajes que necesitaban un juego así para demostrar el potencial que había anunciado ya en la anterior entrega, por la que Ashley Johnson ya fue merecidamente premiada en su momento. Su interpretación en The Last of Us Parte 2 es de antología, con momentos que pasan por todas las escalas emocionales y que llevan al jugador a un tour de force psicológico hasta las mazmorras mismas del síndrome de estrés postraumático, que nunca antes como aquí se había retratado de una manera tan dolorosa y demoledora. Pero Johnson resiste el embite y logra sacar de todo ello una actuación honesta, compleja y llena de matices que nos sumerge completamente en ese mundo de miserias y sinsabores que es el futuro distópico imaginado por Druckmann. Qué lujo, debió pensar el director en el rodaje de cada escena, poder contar con una actriz tan descomunal, capaz de dar a cada escena justo el tono, el empaque y la solidez que necesita su atroz historia.
- Mejor Diseño Artístico: Ghost of Tsushima (Sucker Punch, Sony PS4)
Si hay algo que llama la atención, por encima de cualquier otro aspecto en el juego de Sucker Punch, es la meticulosidad con la que se ha recreado el ambiente, vestuario, arquitectura y costumbres de una época tan fascinante como el Japón feudal, tanto de sus habitantes como de aquellos invasores mongoles que amenazaban con romper el delicado equilibrio de sus bosques, montañas y praderas. Recorrer a lomos de nuestro caballo cada uno de los rincones del vasto escenario de la isla de Tsushima es hacerlo por una de las mayores y más conseguidas superproducciones que se han rodado jamás en el medio del entretenimiento digital, plagado de detalles en cada aldea pesquera, en cada rincón de cada bosque de almendros, en las majestuosas almenas de las fortalezas que debemos escalar con sigilo y nocturnidad. El trabajo artístico de este juego, reflejado principalmente en el aspecto de nuestro personaje y sus armaduras, vestidos y bandanas, es algo que tardará mucho tiempo en ser superado.
- Mejor Banda Sonora: Ghost of Tsushima (Sucker Punch, Sony PS4)
Para el score principal de la banda sonora, Sucker Punch contrató a Ilan Eshkeri, compositor de bandas sonoras de cine para el que los sonidos japoneses no eran desconocidos, pues ya compuso las partituras de 47 Ronin (2013) o Ninja Assassin (2009). Sus canciones siguen ese estilo wagneriano de los temas asignados a personajes, con desarrollos melódicos o emocionantes según la situación, y donde destacan con diferencia los de sus dos protagonistas, Jin Sakai y su honorable tío, Lord Shimura. El tema principal, The way of the Ghost, es sencillamente magistral. Sin embargo, no conformes con eso, los desarrolladores también se hicieron con los servicios de Shigeru Umebayashi, con más de 40 trabajos a sus espaldas en composiciones de películas asiáticas tan conocidas como La casa de las dagas voladoras (2004). Umebayashi fue el encargado de crear varias composiciones no asociadas directamente con la trama principal, cinco suites absolutamente maravillosas empleadas en diferentes momentos donde lo que se buscaba era procurar la mayor inmersión posible en la cultura japonesa.
(Y para el amante de las curiosidades, allá va la mejor de todas: ambos compositores, Eshkeri y Umebaysahi, ya trabajaron juntos en la película Hannibal: el origen del mal (2007). Y fue lo mejor de aquel filme fallido, con una enorme diferencia).
- Mejor Juego del Año: Half-Life: Alyx (Valve, PC)
Creo que la categoría de mejor juego del año debe premiar no únicamente la excelencia en aspectos técnicos, artísticos o sonoros. Para eso ya está el resto de categorías, donde creo que sus vencedores han sido más que justos ganadores de dichos reconocimientos. El de mejor juego del año es, sin embargo, un galardón que debe reconocer el papel que dicho título tiene en la historia del sector. Y cuando dentro de unos cuantos años se mire atrás para ver qué se cocía en estos tiempos, será obligatorio decir que el primer gran juego de la realidad virtual, el que abrió la senda y demostró a todo el mundo cómo se podía resolver la papeleta de ir más allá de la simple demostración técnica, fue una Valve que es evidente que está varios pasos por delante del resto en esto de la vanguardia del videojuego.
Francamente, y por mucho que he disfrutado del resto de títulos de esta lista, creo que es de justicia reconocer a Half-Life: Alyx su condición de pathfinder, porque es un digno heredero de esa senda iniciada con Pong en los años 70, continuada con Donkey Kong, Pac Man o Super Mario Bros en los años 80, Super Mario 64 y Ocarina of Time a finales de los 90 en la revolución de las 3D, o el propio Half-Life y su secuela en la innovación de la narrativa en el videojuego, ya a principios de siglo. Este es un juego que hay que probar para entender verdaderamente que si hay un futuro revolucionario en este sector pasa por implementar nuevas tecnologías que, como la VR, pueden ofrecer experiencias cualitativamente superiores e innovadoras respecto a todo lo visto y oído en las últimas décadas. Y eso es algo que, dentro de esta lista de candidatos a mejores juegos de 2020, solo cumple este título.








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