No sé si lo sabréis o no, pero el año que viene se cumplen 35 desde el lanzamiento de The Legend of Zelda para la NES. Fue en 1986 cuando comenzaron las andanzas del elfo más famoso de los videojuegos, que desde entonces ha protagonizado nada menos que una veintena de títulos entre juegos canónicos en 2D y 3D, tanto para sistemas de sobremesa como para portátiles. Permitidme un repaso breve a la saga, que la ocasión lo merece, sin duda.
Al original, que destacó por su enorme mundo abierto plagado de posibilidades no lineales, le siguió su secuela, también en NES (The Legend of Zelda II: The Adventure of Link, 1988), algo polémica al cambiar totalmente de sistema de juego para apostar por unos escenarios en 2D más lineales y tradicionales. Con la llegada de Super Nintendo y Game Boy, el elfo saltó definitivamente al estrellato con A Link to the Past (1991) y Link's Awakening (1993), que de algún modo retomaban la senda del original, con una vista cenital y amplia variedad de movimientos. La entrega de SNES está considerada como una de las mejores de la saga, y sin duda la cumbre en 2D. En cuanto a la de Game Boy, me sigue pareciendo un milagro meter semejante barbaridad en una consola tan limitada desde el punto de vista técnico.
Cinco años más tarde llegaría el que para mí es el Zelda definitivo, Ocarina of Time, que no solo dio un salto espectacular a las tres dimensiones sino que además sentó las bases de un modelo del que, por desgracia, Nintendo no pareció ser capaz de superar hasta casi veinte años después. El clásico inmortal de Nintendo 64 nos dejó a todos con la boca abierta, gracias a un sistema convincente en todos los sentidos, el control de Epona, los viajes en el tiempo o unos combates épicos a más no poder. Solo dos años más tarde llegó Majora's Mask (2000, N64), con la difícil papeleta de hacer olvidar a su predecesor. No lo logró, pero siempre ha gozado de un lugar especial en el corazón de los fans de la saga por su especial habilidad para reinterpretar ese universo de un modo particular, e incluso inquietante, con esa luna que amenaza con derribarse sobre nuestras cabezas en el infinito bucle de tres días en el que vivimos.
A partir de ahí, la saga alternó la brillantez de Wind Waker (2002, Gamecube), otro clásico con unos gráficos eternos gracias a su diseño de dibujos animados, alguna que otra agradable sorpresa portátil como Minish Cap (2004, Game Boy Advanced), con el triste y sin alma Twilight Princess (2006, Gamecube y Wii), las estupendas secuelas de Toon Link para DS (Phantom Hourglass (2007) y Spirit Tracks (2009)), el flojísimo Skyward Sword (Wii, 2011), el polémico A Link Between worlds (2013), a caballo entre el remake y la secuela espiritual del clásico de SNES, y ya por último Breath of the Wild (Wii U y Switch, 2017), el último y seguramente el más abierto, complejo y completo de todos los juegos de la saga hasta el momento, y único desde 1998 en poder deshacerse de una vez por todas de la poderosa, y hasta cierto punto perjudicial, sombra de Ocarina of Time.
Es cierto que entre tanto lanzamiento original ha habido espacio para los remakes y revisiones, desde las fenomenales Ocarina of Time 3D y Majora´s Mask 3D que Grezzo realizó para 3DS en 2011 y 2015, pasando por los fenomenales ports de Wind Waker HD y Twilight Princess HD para Wii U (2012 y 2016) hasta llegar a la más reciente, la de Game Boy para Switch (Link's Awakening Remake, 2019). Todos ellos demostraron la vigencia de la saga, beneficiándose de unos lavados de cara colosales, especialmente en el caso de los clásicos de N64 y Game Boy.
Por todo ello, y con el anuncio de la secuela de Breath of the Wild todavía en el horizonte, la pregunta siguiente es qué nos espera el año que viene. Las apuestas están abiertas desde hace tiempo, y la colección de Mario 3D me hace pensar en que Nintendo podría repetir jugada, y sacar de una tacada nada menos que versiones en HD de Ocarina of Time, Wind Waker y Twilight Princess para Switch. Esto me parecería una barbaridad de colección, que yo sin dudarlo correría a comprar como un poseso, aunque solo fuera porque podríamos ver por primera vez la obra maestra de 1998 en glorioso HD y formato panorámico en televisores de sobremesa.
Es una lástima que esa colección de Zelda 3D All Stars se quede en el tintero de mis sueños, porque sería una forma de equiparar al elfo con el fontanero, dándole un tratamiento respetuoso y digno (mucho me temo que Nintendo optará por cobrarlos todos a precio completo, en caso de relanzarlos, que eso también está por ver). Es verdad que las quejas por no disponer de Majora's Mask se equipararían a las que ha recibido Mario por no incluir en su última colección la secuela de Galaxy, pero entiendo que, al igual que en ese caso, sería una panorámica incompleta de tres juegos bandera de sus respectivos sistemas.
En realidad, lo que creo es que el asunto se va a resolver con un port HD de Skyward Sword (no en vano se cumplen 10 años de su estreno oficial, algo que Nintendo ya repitió con los casos de Wind Waker y Twilight Princess en su momento), y poco más. Desde luego, los joy cons de Switch parecen ideales para reproducir, esta vez con mucha más precisión, los movimientos del título de Wii con una fidelidad mucho mayor, seguramente, a la que los desarrolladores tenían en mente cuando lo diseñaron. Es posible que junto a este port veamos algunos lanzamientos en la tienda virtual de algunos juegos, quizá algún amiibo conmemorativo, pero nada comparable al 25 aniversario, con aquella colosal orquesta tocando por medio mundo los temas más conocidos de sus impresionantes bandas sonoras.
De la secuela de Breath of the Wild, otro que a mí me encantaría probar el próximo año y que sin duda sería un buen colofón para el aniversario, no se sabe nada, desde aquel vídeo que mostraron hace un año y medio. Solo sabemos que sigue en producción, y que de hecho Skyward Sword apareció en 2011 con motivo del 25 aniversario, pero aunque sería fantástico poder contar con Botw2 a finales de 2021, yo no me lo creeré hasta que vea la confirmación oficial por parte de la compañía.
Sea como fuere, creo que el aniversario de Zelda se merece una colección como la que he mencionado, al margen de algún que otro amiibo conmemorativo especial. Claro que si al final me tengo que conformar con el port HD de Skyward Sword, pues qué le vamos a hacer, pero por soñar que no quede.





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