Ayer se hizo público un Nintendo Direct donde, con motivo de la celebración del 35 aniversario del lanzamiento del primer Super Mario Bros (NES, 1985), la compañía ha aprovechado para anunciar varios títulos conmemorativos que saldrán entre septiembre de 2020 y marzo de 2021. Más allá de otras curiosidades que no son mucho más que eso, para mí destacan dos juegos: el enésimo port de Wii U, esta vez Super Mario 3D World (2013, originalmente), y Super Mario 3D All Stars, un recopilatorio que reúne nada menos que Super Mario 64 (N64, 1996), Super Mario Sunshine (GC, 2002) y Super Mario Galaxy (Wii, 2007), tres títulos que a lo largo de una década establecieron y definieron las plataformas en 3D.
Como no podía ser de otro modo, los fans han comenzado a lanzar las campanas al viento con la noticia. No es para menos. Se trata de una colección muy esperada y sobre la que se había rumoreado mucho, y que incluye dos obras maestras indiscutibles (SM64 y SMGalaxy) y un juego algo menor dentro de la franquicia pero brillante, Sunshine, que se vio afectado por problemas de calendario en su momento, lo que llevó a Nintendo a lanzarlo sin terminar y con algunos problemas con conceptos básicos, como la máquina de agua de Mario, que nunca ha terminado de convencer a los puristas. Aun así, me parece que no podía faltar en este 3D All Stars.
Se podría argumentar que la colección carece de motivos reales de peso para los que ya los tengamos en nuestra estantería, ya que no hace mucho más allá de mejorar la resolución a HD y el formato a 16:9 o incluir la banda sonora. En mi caso, y aun pareciéndome bien todo lo mencionado (yo hubiera hecho un esfuerzo por trasladarlos a formato panorámico y a 60fps, pero bueno), sí me parece notable la ausencia de Super Mario Galaxy 2 (2009), una secuela excepcional y bastante extraña en el universo Mario, poco dado a segundas partes de los títulos estelares de plataformas del fontanero. Es, sin duda, el elefante en la habitación.
En realidad, creo que además de Galaxy 2 esta colección debería haber incluido también Super Mario 3D World, para qué engañarnos. Si lo que se quería era hacer una recopilación de la trayectoria 3D de Mario, esta era una oportunidad de oro para haber lanzado una edición completa, que incluyera estos cinco títulos. Algo así, con una edición coleccionista cuidada, y no el juego plano y sin manual de instrucciones, como se va a lanzar, me hubiera parecido irresistible.
La estrategia de Nintendo para vender el título, en cualquier caso, me parece algo extraña. Resulta que el juego saldrá en formato físico y digital a partir del 18 de septiembre, pero dejará de producirse o de estar disponible a partir de marzo de 2021. Los motivos últimos de esta decisión de limitar la vida útil me son del todo desconocidos, más allá de alimentar el mercado de especuladores de segunda mano, que se harán de oro con esta joya.
De lo que no cabe duda es que estamos ante juegos que, principalmente en el caso de Mario 64 y Mario Galaxy, creo que cualquier jugador debería probar y disfrutar al menos una vez en su vida. Se trata de dos juegos atemporales, con una jugabilidad asombrosa teniendo en cuenta su venerable edad, y con ideas revolucionarias que cambiaron la historia del videojuego tanto en 1996 como en 2007. El primero de ellos fue la puerta de entrada en el mundo tridimensional para toda una generación de jugadores, incluyendo una cámara fantástica y un sistema de salto sencillamente impresionante en aquellos años, por no hablar de los niveles acuáticos o de vuelo, que aún siguen produciendo cosquilleos en aquellos que lo experimentamos hace casi 25 años.

Cientos de juegos posteriores han tratado de imitar esa senda, pero seguramente fue Mario Galaxy el que mejor aplicó las enseñanzas de su ancestro para trasladar las plataformas en mundos tridimensionales a otro nivel. Su juego con la gravedad es algo que debería estudiarse en todas las facultades de desarrollo de videojuego, y su banda sonora sigue resultando una obra de arte a día de hoy.
Miro mi catálogo de Switch y, francamente, no puedo decir que me sienta demasiado orgulloso de lo que llevo coleccionado a día de hoy. El primer año, 2017, me hice con dos ports de Wii U: Breath of the Wild y Mario Kart 8 Deluxe, de modo que solo pude adquirir dos juegos originales de Switch: los excelentes Xenoblade Chronicles 2 y Mario Oddyssey.
En 2018 llegaron Super Smash Bros, que en definitiva es algo así como el Smash Bros definitivo, recogiendo todo lo que incluían los anteriores en cuanto a contenido, pero con un aspecto tan similar y mecánicas tan parecidas al Smash Bros de Wii U que casi parece un port. A eso se sumó el port de Sonic Mania, que había salido un año antes en PS4 y Xbox. Por su parte, en 2019 me hice con Link's Awakening, un remake del original de 1991 de Game Boy, el port de Flashback (un clásico de la época de los 16 bits) y el Sega Mega Drive Classics y, por último, con el excelente Luigi's Mansion 3. Sin embargo, en 2020 apenas he podido disfrutar de la Switch, más allá de los remakes de Panzer Dragoon y Virtua Racing de Sega y el magnífico port de Hellblade: Senua's Sacrifice, todos ellos versiones de antiguos lanzamientos.
Me da rabia que esta consola se esté convirtiendo en una especie de cementerio de célebres elefantes, algo a lo que Super Mario 3D All Stars va a añadir más madera, por más ilustres entre los ilustres que sean sus miembros. Lo que quiero decir es que a mí me encantaría poder disfrutar de un catálogo pleno de Switch con lanzamientos originales y propios del sistema, como he hecho no solo con otras consolas de Nintendo, sino con la práctica totalidad de los sistemas a los que he jugado, y juego, en la actualidad.
No es el caso, y bien que lo lamento, porque sigo pensando que Switch se merecía más que ser un depositario de ports de Wii U y de otros catálogos ajenos, donde apenas hay cuatro o cinco títulos propios y exclusivos que de verdad merecen la pena. Pero en fin..., como bien se encargó de recordarnos Nintendo ayer mismo, siempre nos quedará Mario.




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